Una comunidad reconoce a ciertas personas fallecidas como personas que vivieron con excepcional santidad y que aún conservan la capacidad de interceder. Estas personas son santas. En algunas tradiciones existen procesos formales de canonización; la devoción popular suele preceder al reconocimiento oficial.
Los santos sirven como modelos de virtud, patronos de lugares y profesiones, y compañeros en la oración. Sus reliquias e imágenes se convierten en centros de devoción. Las hagiografías narran sus vidas con distintos grados de precisión histórica. Las diferentes iglesias mantienen calendarios de santos distintos.
Las tradiciones protestantes generalmente rechazan la invocación de los santos, aunque sí honran las vidas ejemplares. En las tradiciones que los veneran, los santos concretan la comunión entre vivos y muertos. Los creyentes comunes encuentran en los santos inspiración y guías accesibles.
Se recuerda a un santo como alguien en quien los propósitos de Dios se hicieron extraordinariamente visibles.
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