La homeostasis es la tendencia del organismo a mantener un ambiente interno estable a pesar de los cambios externos. La temperatura, el nivel de azúcar en sangre, el equilibrio de líquidos y muchas otras variables se mantienen dentro de límites estrechos mediante procesos reguladores continuos.
La retroalimentación negativa es el mecanismo básico. Cuando una variable se desvía de su valor de referencia, los sensores detectan el cambio y los efectores actúan para restablecerlo. Si la temperatura corporal aumenta, la sudoración y el mayor flujo sanguíneo a la piel liberan calor; si disminuye, los escalofríos y la constricción de los vasos periféricos lo conservan. El hipotálamo contiene muchos de los centros de control que orquestan estas respuestas.
Los estados de impulso, como el hambre y la sed, surgen cuando los sistemas homeostáticos detectan déficits y motivan conductas correctivas. Este concepto se ha extendido, con cautela, a la regulación psicológica: el mantenimiento de un nivel óptimo de activación o equilibrio emocional. Los factores de estrés crónicos pueden sobrecargar los sistemas reguladores, produciendo el desgaste conocido como carga alostática.
La vida requiere un medio interno estable. La homeostasis es el conjunto de procesos que lo defienden.
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