El efecto de retroalimentación facial es la tendencia de los estados musculares faciales a desencadenar sentimientos emocionales correspondientes. Sonreír puede hacer que una persona se sienta más feliz; fruncir el ceño puede disminuir su estado de ánimo.
La idea se remonta a la teoría de las emociones de James-Lange, que sostenía que los cambios corporales contribuyen a la experiencia emocional. Experimentos modernos han puesto a prueba esta afirmación manipulando las expresiones faciales sin que el participante sea plenamente consciente de ello: sujetando un bolígrafo con los dientes para producir una postura similar a una sonrisa, o con los labios para impedirla. Las personas en la condición de sonrisa suelen considerar los dibujos animados más graciosos o reportan un afecto más positivo. Se han encontrado efectos similares para otras expresiones y para la postura.
El efecto suele ser moderado y puede verse contrarrestado por información contextual relevante. Esto no significa que las emociones sean simplemente expresiones faciales; más bien, el rostro es uno de los diversos canales corporales que pueden modular e intensificar los sentimientos. Los hallazgos tienen implicaciones prácticas para la regulación emocional y para comprender cómo interactúan la conducta expresiva y la experiencia.
El rostro no solo muestra emociones. En ciertas circunstancias, ayuda a crearlas.
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