La virtud es un rasgo de buen carácter moral. Es la disposición a actuar bien, a sentir adecuadamente y a elegir con sabiduría. Las virtudes clásicas incluyen el coraje, la justicia, la templanza y la sabiduría. Las virtudes cristianas incluyen la fe, la esperanza y la caridad. Aristóteles sostenía que la virtud es un término medio entre dos extremos, adquirido mediante el hábito. Uno se vuelve valiente realizando actos valientes. Uno se vuelve honesto diciendo la verdad. La virtud no es solo saber qué es correcto, sino ser el tipo de persona que lo hace. Por eso Aristóteles enfatizó la educación y la práctica. La virtud se aprende, no es innata.
La ética de la virtud es un enfoque ético que se centra en el carácter más que en las reglas o las consecuencias. Se pregunta qué tipo de persona debo ser, no solo qué debo hacer. Este enfoque tiene sus raíces en Aristóteles, Confucio y los estoicos. Fue revitalizado en el siglo XX por filósofos como Elizabeth Anscombe, Philippa Foot y Alasdair MacIntyre. La ética de la virtud se ha aplicado a la medicina, los negocios, el derecho y la educación. Enfatiza la sabiduría práctica, la capacidad de discernir lo correcto en situaciones particulares. Los críticos argumentan que la ética de la virtud es vaga, que no nos dice qué hacer ante los dilemas. Sus defensores responden que proporciona una explicación más completa de la vida moral que las teorías basadas en reglas o consecuencias. La virtud no es solo un conjunto de rasgos; es una forma de vida.
Virtudes clásicas
- Coraje. Enfrentar el miedo y el peligro de manera apropiada.
- Justicia. Darle a cada persona lo que le corresponde.
- Templanza. Moderación en el deseo y la acción.
- Sabiduría. Saber cómo actuar bien.
La virtud no es lo mismo que la inocencia. La inocencia es la falta de experiencia. La virtud se cultiva mediante la experiencia y la práctica.
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