La cinestesia es la capacidad de percibir la posición y el movimiento de las partes del cuerpo. Los receptores en los músculos, tendones y articulaciones informan continuamente sobre los ángulos de las extremidades y las fuerzas que actúan sobre ellas.
Sin la cinestesia, el movimiento coordinado sería prácticamente imposible. Este sistema permite tocarse la nariz con los ojos cerrados, caminar sin mirar los pies y ajustar la fuerza de agarre al peso de un objeto. Funciona en estrecha colaboración con el sentido vestibular, que informa sobre la posición y el movimiento de la cabeza, y con la visión, que proporciona una referencia espacial externa. Cuando la retroalimentación cinestésica se ve interrumpida —por anestesia, ciertas afecciones neurológicas o interferencias experimentales temporales— los movimientos se vuelven torpes y poco precisos.
La cinestesia opera en gran medida de forma inconsciente hasta que se le presta atención o hasta que algo falla. Los atletas, bailarines y músicos desarrollan una sensibilidad cinestésica refinada que les permite un control preciso. Los mismos receptores contribuyen a la sensación de esfuerzo y a la detección del movimiento pasivo impuesto por fuerzas externas.
Todo movimiento hábil depende de un flujo continuo de información cinestésica que, la mayor parte del tiempo, pasa desapercibido.
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