Un estímulo condicionado es un estímulo originalmente neutro que, tras asociarse con un estímulo incondicionado, llega a desencadenar una respuesta condicionada. Adquiere su poder a través del aprendizaje.
En el paradigma estándar, el estímulo condicionado se presenta ligeramente antes que el estímulo incondicionado para que se convierta en un predictor fiable. Un tono que precede a la comida, una luz que precede a una leve descarga eléctrica o un sabor particular que precede a la enfermedad pueden convertirse en estímulos condicionados. El momento, la intensidad y la fiabilidad de la asociación determinan la eficacia con la que se forma la relación. Una vez condicionado, el estímulo puede utilizarse en experimentos posteriores —condicionamiento de orden superior, precondicionamiento sensorial o extinción— para comprender las reglas del aprendizaje asociativo.
Los estímulos condicionados son omnipresentes fuera del laboratorio. Logotipos de marcas, entornos médicos y señales sociales funcionan como estímulos condicionados que provocan respuestas emocionales y fisiológicas basadas en asociaciones previas. Tanto la publicidad como los tratamientos clínicos explotan esta capacidad del sistema nervioso para interpretar las señales predictivas como significativas.
Un estímulo condicionado es un mensajero aprendido: anuncia que algo importante está a punto de ocurrir.
Comments (2)
Leave a comment