El arbitraje genera ganancias a partir de las diferencias de precio del mismo activo en distintos mercados. Se compra barato en un lugar y se vende caro en otro. En teoría, la operación no conlleva riesgos, ya que el activo es idéntico. Sin embargo, en la práctica existen riesgos: demoras en la ejecución, fluctuaciones cambiarias y la posibilidad de que la diferencia de precio se cierre antes de finalizar la operación. El arbitraje puro es poco común y efímero.
Los ejemplos son comunes. Una acción se negocia a 100 dólares en una bolsa y a 100,50 dólares en otra. Un inversor compra en la primera y vende en la segunda, embolsándose la diferencia. El arbitraje de divisas aprovecha las diferencias en los tipos de cambio entre bancos. Los mercados de criptomonedas, que son fragmentados y menos eficientes, han ofrecido muchas oportunidades. El arbitraje de bonos convertibles combina un bono con su acción subyacente.
El arbitraje cumple una función: fuerza la convergencia de los precios. Cuando los operadores aprovechan una brecha, compran el activo barato y venden el caro, lo que provoca que los precios se acerquen. Este proceso, llamado arbitraje, hace que los mercados sean más eficientes. Las ganancias van a parar a quienes detectan la brecha primero y actúan con rapidez. En el arbitraje moderno, la velocidad y la tecnología son más importantes que la intuición.
Tipos comunes
- Arbitraje puro
- Arbitraje estadístico
- Arbitraje de bonos convertibles
- arbitraje de divisas
- arbitraje de criptomonedas
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