La fotometría es la medición de la intensidad de la luz que emiten los objetos celestes. Es una de las técnicas más antiguas de la astronomía. Incluso antes de la llegada de los telescopios, los astrónomos estimaban el brillo de las estrellas a simple vista. Hoy en día, la fotometría utiliza detectores y filtros sensibles para medir la luz con una precisión extraordinaria.
La técnica es sencilla en principio. Apunte un telescopio hacia un objeto. Mida la cantidad de luz que llega al detector. Compare ese valor con el de una estrella de brillo conocido. Repita el proceso con diferentes filtros para obtener un espectro de brillo en distintas longitudes de onda. El resultado es un conjunto de magnitudes o flujos que describen el color y la energía emitida por el objeto.
La fotometría se utiliza para diversos fines. Permite rastrear estrellas variables, medir las curvas de luz de las supernovas, detectar exoplanetas en tránsito y monitorizar el brillo de los cuásares. También se emplea para clasificar las estrellas según su color, que se correlaciona con su temperatura. El Sloan Digital Sky Survey y la misión Kepler son ejemplos de grandes estudios fotométricos.
La fotometría moderna está automatizada. Telescopios robóticos observan miles de objetos cada noche, y los sistemas informáticos procesan los datos. El desafío ya no reside en recolectar fotones, sino en dar sentido a la avalancha de datos.
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