Un comprador adquiere una póliza que lo protege contra pérdidas financieras derivadas de defectos cubiertos en el título de propiedad. Esta póliza se denomina seguro de título. A diferencia de la mayoría de los seguros, protege contra eventos pasados, no contra eventos futuros.
Las pólizas para propietarios protegen el patrimonio del comprador; las pólizas para prestamistas protegen los intereses del acreedor hipotecario. Los riesgos cubiertos suelen incluir falsificación, herederos no declarados, errores de registro y ciertos gravámenes que no se detectaron en la búsqueda. Las exclusiones y excepciones se detallan en la póliza.
Se paga una prima única al momento del cierre. La póliza permanece vigente mientras el asegurado o sus herederos sean propietarios del inmueble. Si bien las reclamaciones son poco frecuentes, cuando ocurren, el seguro puede prevenir pérdidas catastróficas. El seguro de título es un requisito estándar de la mayoría de las entidades hipotecarias.
Es la red de seguridad que subyace al sistema de registros públicos.
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