El trastorno por atracones se caracteriza por episodios recurrentes de ingesta excesiva de alimentos en un período corto, acompañados de una sensación de pérdida de control y seguidos de malestar. A diferencia de la bulimia, los atracones no se compensan habitualmente con purgas, ayuno o ejercicio excesivo.
Los episodios suelen ocurrir en privado y se caracterizan por comer más rápido de lo normal, comer hasta sentirse incómodamente lleno y comer grandes cantidades sin tener hambre física. Es común que le sigan sentimientos de culpa, asco y depresión. El trastorno se asocia con el sobrepeso y la obesidad, pero es distinto de ellos; muchas personas con obesidad no tienen atracones, y algunas personas con peso normal sí. Es el trastorno alimentario más común en muchos estudios poblacionales.
Entre los factores de riesgo se incluyen los antecedentes de dietas restrictivas, el afecto negativo y ciertos rasgos de impulsividad. Los enfoques de tratamiento con evidencia científica incluyen la terapia cognitivo-conductual, la psicoterapia interpersonal y, en algunos casos, la medicación. El objetivo es restablecer patrones de alimentación regulares, reducir la frecuencia de los atracones y abordar los desencadenantes emocionales que los preceden.
El trastorno por atracones no es una falta de fuerza de voluntad. Es una afección psiquiátrica reconocida que responde a la intervención adecuada.
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