Las partículas en suspensión son una mezcla de diminutas partículas sólidas y gotitas líquidas presentes en el aire. Provienen de los gases de escape de los vehículos, las centrales eléctricas, los incendios, el polvo de la construcción y las reacciones químicas en la atmósfera. El tamaño de las partículas varía. Las PM10 son más gruesas, como el polvo y el polen. Las PM2.5 son lo suficientemente finas como para penetrar profundamente en los pulmones y entrar en el torrente sanguíneo.
Los efectos en la salud son graves. La exposición a partículas PM2.5 provoca infartos, derrames cerebrales, cáncer de pulmón y ataques de asma. Se la relaciona con partos prematuros y deterioro cognitivo. La Organización Mundial de la Salud la considera uno de los mayores riesgos ambientales para la salud. Millones de personas mueren cada año a causa de la exposición. Las partículas más pequeñas son las más peligrosas porque el cuerpo no puede expulsarlas.
Reducir las partículas contaminantes requiere actuar en su origen. Combustibles más limpios, filtros en las chimeneas y vehículos eléctricos disminuyen las emisiones. Cocinar en interiores con estufas limpias salva vidas en los países en desarrollo. El monitoreo de la calidad del aire ayuda a identificar los puntos críticos. Ciudades como Pekín han reducido significativamente las partículas PM2.5 gracias a estas medidas. El problema tiene solución con tecnología y voluntad política.
Fuentes comunes
- gases de escape de vehículos
- Quema de carbón y biomasa
- Incendios forestales y quema agrícola
- polvo de construcción
- procesos industriales
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