Un monólogo dramático es un poema en el que un solo hablante se dirige a un oyente silencioso, revelando su carácter y la situación en el proceso. El hablante no es el poeta, sino un personaje ficticio.
Robert Browning perfeccionó esta forma poética en poemas como «Mi última duquesa» y «El obispo ordena su tumba». El duque de Ferrara, al mostrar un retrato, revela inadvertidamente sus celos y el posible asesinato de su exesposa. El lector reconstruye la verdad a partir de las palabras del narrador y de aquello que no percibe en sí mismo. Las reacciones implícitas del espectador silencioso contribuyen a dar forma al drama.
Los monólogos dramáticos combinan la intensidad lírica con la caracterización propia del drama. Invitan al análisis psicológico y a menudo revelan el autoengaño, la vanidad o la ceguera moral. Los poetas modernos han seguido adaptando esta forma a una amplia gama de voces y situaciones. El requisito fundamental sigue siendo un hablante singular cuyas palabras tengan un impacto mayor del que él pretende.
Una sola voz que habla en una situación específica y que, al hablar, revela más de lo que pretende: eso es el monólogo dramático.
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