Un árbol joven, que ya pasó la etapa de plántula pero aún no ha alcanzado la madurez, es un árbol de entre uno y tres años con un diámetro de tronco de unos pocos centímetros. Los árboles jóvenes son altos y delgados, con tallos flexibles y una copa pequeña en comparación con un árbol adulto.
En la silvicultura y el cultivo de frutales, los árboles jóvenes constituyen una etapa crucial. Son vulnerables al ramoneo de los ciervos, las heladas, la sequía y la competencia de las malas hierbas. Muchos se protegen con tutores o jaulas. Los viveros los cultivan en hileras, trasplantándolos y podando sus raíces para fortalecerlas antes de su venta. Los fruticultores compran árboles jóvenes injertados de una variedad y portainjerto específicos, y luego los plantan a la distancia definitiva entre ellos.
Por qué el escenario es importante
- Las tasas de supervivencia son más bajas en los dos primeros años.
- La poda en esta etapa da forma a la forma futura.
- El riego y el control de las malas hierbas determinan si el árbol prospera.
- Los ciervos, conejos y topillos causan grandes pérdidas.
Un árbol joven bien desarrollado y plantado en el lugar adecuado vivirá más que la persona que lo plantó. Ese largo horizonte es la razón por la que los silvicultores y fruticultores dedican tanto tiempo a asegurar que los primeros años sean los adecuados.
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