Un solo cohete no puede hacerlo todo. Transportar tanques vacíos y motores usados supone un desperdicio de combustible, por lo que los ingenieros apilan las etapas. Cada etapa consume su propulsor, luego se separa y cae. El vehículo restante es más ligero y puede acelerar más.
Las matemáticas son brutales. Alcanzar la órbita requiere un cambio de velocidad de aproximadamente 9,4 kilómetros por segundo, y la relación de masas necesaria para lograrlo en una sola etapa sería absurda. La división en etapas simplifica el problema, haciéndolo más manejable.
Configuraciones de escenarios comunes
- Vehículos de dos etapas para órbita baja
- Vehículos de tres etapas para trayectorias de escape
- Etapas paralelas con propulsores auxiliares
- Montaje en serie con etapas centrales apiladas
La separación es un momento crítico. Unos pernos explosivos o sistemas neumáticos liberan la etapa agotada, y pequeños motores la empujan para separarla. Si las etapas no se separan correctamente, la misión termina de inmediato.
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