En el sistema nervioso central, la vaina de mielina es producida por los oligodendrocitos. Un solo oligodendrocito puede extender prolongaciones a docenas de axones cercanos y envolver cada uno con un segmento de mielina compacta, dejando los nódulos de Ranvier expuestos para la conducción saltatoria.
La mielinización comienza durante el desarrollo y continúa durante años en los seres humanos, especialmente en las vías de asociación. Los oligodendrocitos también brindan soporte metabólico a los axones que recubren. Cuando se dañan, como en la esclerosis múltiple o el ictus de la sustancia blanca, la conducción se ralentiza o falla, y los propios axones pueden degenerar.
Las células precursoras persisten en el cerebro adulto y pueden generar nuevos oligodendrocitos, ofreciendo una capacidad de reparación limitada. La investigación sobre las señales que controlan la diferenciación de los oligodendrocitos y la mielinización busca potenciar la remielinización en enfermedades desmielinizantes. La estrecha relación física y metabólica entre oligodendrocito y axón convierte a estas células en socios esenciales para la comunicación neuronal a larga distancia.
Sin los oligodendrocitos, la señalización rápida y energéticamente eficiente del cerebro de los vertebrados sería imposible.
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