En la realidad, esto no existe. La competencia perfecta es un ideal teórico: un mercado con tantos compradores y vendedores que nadie puede influir en el precio. Los productos son idénticos. La información es perfecta. La entrada y salida son libres. En estas condiciones, las empresas no obtienen ningún beneficio económico a largo plazo, y los recursos se destinan a sus usos de mayor valor.
El modelo resulta útil precisamente por su carácter extremo. Muestra lo que ocurre cuando la competencia es intensa. Las empresas deben producir al menor coste posible o quebrar. No pueden cobrar más del precio de mercado. Los consumidores obtienen el mejor precio. Cualquier desviación de estas condiciones, ya sea por motivos de marca, patentes o regulación, genera cierto grado de poder de mercado y aleja al mercado del ideal.
Los productos agrícolas son los que más se aproximan a este ideal. Un agricultor de trigo no puede cobrar más que el precio de mercado porque los compradores pueden acudir a otros lugares. Pero incluso en este caso, los subsidios gubernamentales y las barreras comerciales distorsionan la realidad. El verdadero valor de la competencia perfecta reside en su función como referencia. Permite a los economistas determinar cuánto se ha alejado un mercado del ideal competitivo y si vale la pena corregir esa desviación.
Supuestos
- Muchos compradores y vendedores
- Productos idénticos
- Información perfecta
- Entrada y salida gratuitas
- Ninguna intervención gubernamental
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