Charles Darwin y Alfred Russel Wallace describieron la selección natural en 1858. La idea es sencilla: los individuos de una población presentan variaciones. Algunas variaciones les permiten sobrevivir y reproducirse mejor que otras. Estos individuos transmiten sus características a más descendientes. Con el paso de las generaciones, las características beneficiosas se vuelven más comunes. El proceso no es aleatorio. La mutación crea variación de forma aleatoria, pero la selección actúa como un filtro que favorece lo que funciona en un entorno determinado.
La selección natural adopta diversas formas. La selección direccional impulsa un rasgo en una dirección, como un pico más grande durante una sequía. La selección estabilizadora favorece el promedio y elimina los extremos, como el peso al nacer en los humanos. La selección disruptiva favorece ambos extremos por encima del término medio, lo que puede dividir una población. La selección sexual es un caso especial, impulsada por la elección de pareja o la competencia por ella. Las colas de pavo real y las astas de los ciervos evolucionaron mediante selección sexual, incluso cuando dificultan la supervivencia.
Requisitos para la selección natural
- Variación de rasgos dentro de una población.
- Heredabilidad: los rasgos deben transmitirse.
- Supervivencia o reproducción diferencial.
- El tiempo: el cambio se acumula a lo largo de las generaciones.
La selección natural no planifica a futuro. Responde a las condiciones actuales. Un rasgo que fue útil en una época puede convertirse en una desventaja cuando el entorno cambia.
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