Un flujo de células pasa frente a un láser. Cada célula dispersa la luz y emite fluorescencia. El instrumento registra las señales y clasifica las células según sus propiedades. Esto es la citometría de flujo. Analiza y clasifica células individuales a un ritmo de miles por segundo. Es una de las herramientas más potentes en inmunología y biología celular.
Esta técnica funciona marcando las células con anticuerpos fluorescentes. Cada anticuerpo se une a un marcador específico en la superficie o en el interior de la célula. Cuando la célula pasa por el láser, el fluoróforo se excita y emite luz a una longitud de onda característica. El instrumento mide la intensidad de la luz, lo que indica la cantidad de marcador presente. También mide la dispersión frontal, que indica el tamaño celular, y la dispersión lateral, que indica la complejidad interna.
La citometría de flujo se utiliza para diagnosticar leucemia y linfoma mediante la identificación de poblaciones celulares anormales. Se emplea para monitorizar el VIH mediante el recuento de linfocitos T CD4. También se utiliza para analizar células madre, clasificar poblaciones celulares para investigación y detectar células raras en la sangre. La clasificación celular, denominada FACS, permite separar físicamente las células en diferentes tubos para su posterior estudio.
Esta tecnología es compleja y costosa. Requiere operadores capacitados y un riguroso control de calidad. Pero proporciona información que ninguna otra técnica puede ofrecer: una imagen de cada célula de una población, una por una.
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