El oído interno es la parte más interna del sistema auditivo. Contiene la cóclea, que transduce el sonido, y los órganos vestibulares, que perciben el equilibrio y el movimiento de la cabeza.
Las vibraciones sonoras que llegan al oído interno ponen en movimiento el líquido de la cóclea. Las células ciliadas de la membrana basilar convierten ese movimiento en señales neuronales que viajan a través del nervio auditivo hasta el cerebro. Los canales semicirculares y los órganos otolíticos detectan la aceleración rotacional y lineal, proporcionando la información necesaria para el equilibrio y la orientación espacial. Ambos sistemas comparten la misma arquitectura membranosa llena de líquido y el mismo mecanismo de transducción de señales de las células ciliadas.
El daño al oído interno produce hipoacusia neurosensorial o trastornos vestibulares como el vértigo. Debido a que estas estructuras son delicadas y están rodeadas de hueso, el diagnóstico suele basarse en pruebas funcionales y de imagen, en lugar de una inspección directa. Los implantes cocleares evitan las células ciliadas dañadas estimulando directamente el nervio auditivo, lo que permite recuperar cierta audición en muchas personas con pérdida auditiva grave del oído interno.
El oído interno es donde la vibración mecánica se convierte en el lenguaje eléctrico del sistema nervioso.
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