La cardiopatía coronaria se desarrolla cuando las arterias que irrigan el músculo cardíaco se estrechan o se obstruyen con placa. El corazón se ve privado de oxígeno, y las consecuencias van desde dolor en el pecho hasta un infarto.
La aterosclerosis suele ser la causa principal. Los depósitos de grasa se acumulan en las paredes internas de las arterias coronarias, reduciendo el flujo sanguíneo. Entre los factores de riesgo se incluyen la hipertensión arterial, el colesterol alto, el tabaquismo, la diabetes, la obesidad, el sedentarismo y los antecedentes familiares de la enfermedad. El estrés y ciertos rasgos de personalidad también se han relacionado con una mayor incidencia. Los hombres tienden a desarrollarla antes que las mujeres, aunque esta diferencia se reduce después de la menopausia.
Los síntomas pueden ser sutiles al principio: dificultad para respirar, fatiga o molestias al realizar esfuerzos. Una obstrucción completa produce un infarto de miocardio, en el que muere parte del músculo cardíaco. El diagnóstico se basa en pruebas de esfuerzo, angiografías e imágenes de los vasos coronarios. El tratamiento abarca desde cambios en el estilo de vida y medicamentos hasta angioplastia, colocación de stents o cirugía de bypass.
La prevención sigue siendo la estrategia más eficaz. Controlar la presión arterial, el colesterol y el peso, además de mantenerse activo, puede ralentizar o incluso revertir el proceso que conduce a la enfermedad coronaria.
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