La validez de contenido se refiere al grado en que una prueba abarca la totalidad del comportamiento o conocimiento que pretende medir. Una prueba con alta validez de contenido cubre el ámbito que afirma abarcar y no desperdicia ítems en material irrelevante.
Para un examen final de historia, la validez del contenido exige que las preguntas representen los temas y habilidades impartidos en el curso, en lugar de cuestiones secundarias poco claras o material nunca presentado. En una prueba de conducción, los ítems y las tareas deben reflejar las competencias reales necesarias para una conducción segura. Establecer la validez del contenido suele implicar el juicio de expertos: especialistas revisan el plan de estudios y los ítems para confirmar una cobertura adecuada y un énfasis apropiado.
La validez de contenido se distingue de otras formas de validez. Una prueba puede abarcar bien su dominio, pero aun así no predecir el desempeño futuro (baja validez de criterio) o no medir el constructo teórico que pretendía medir (baja validez de constructo). Sin embargo, sin validez de contenido, la interpretación de las puntuaciones resulta cuestionable desde el principio.
Una prueba que formula las preguntas correctas sobre el material adecuado posee validez de contenido. Ese es el fundamento sobre el que se construyen otras formas de validez.
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