La información difundida deliberadamente para moldear la opinión pública a favor de una causa o en contra de un oponente es propaganda. Esta enfatiza selectivamente los hechos favorables, omite los inconvenientes y, a menudo, apela más a las emociones que a la argumentación equilibrada.
Estados, partidos y movimientos utilizan la propaganda. Entre las técnicas empleadas se incluyen la repetición, la simplificación, la demonización de los enemigos y la creación de mitos que empoderan. Los medios de comunicación de masas y, más recientemente, las plataformas sociales, amplifican su alcance. La línea que separa la persuasión legítima de la propaganda es difusa; lo que para algunos es una campaña de información pública, para otros es manipulación.
La propaganda en tiempos de guerra es especialmente intensa debido a las altas apuestas y al control de la información. En tiempos de paz, la competencia entre los mensajes limita el predominio de cualquier narrativa en las sociedades abiertas. La alfabetización mediática y el periodismo independiente son las principales defensas contra la comunicación manipuladora. Reconocer la propaganda no implica rechazar toda defensa de una causa; requiere detectar cuándo se suprimen sistemáticamente la complejidad y las pruebas que la contradicen.
- Comunicación deliberada para promover un punto de vista político.
- Utiliza la selectividad, la emoción y la repetición.
- Empleados por estados y actores no estatales
- Rebatido por fuentes de información independientes
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