El sol emite energía en un amplio espectro de longitudes de onda. La porción que llega a la atmósfera y la superficie terrestres es la radiación solar, que incluye luz ultravioleta, visible e infrarroja cercana.
Aproximadamente el 30 por ciento de la radiación solar incidente es reflejada de vuelta al espacio por las nubes, la atmósfera y la superficie terrestre. El resto es absorbido, calentando el planeta e impulsando las circulaciones atmosféricas y oceánicas. La cantidad de radiación solar en la parte superior de la atmósfera varía ligeramente con la actividad solar y con los ciclos orbitales de la Tierra.
En la superficie, la intensidad depende de la latitud, la estación del año, la hora del día, la nubosidad y la claridad atmosférica. Las mediciones de la radiación solar son útiles para los estudios climáticos, las aplicaciones de energía solar y la planificación agrícola. Instrumentos como los piranómetros cuantifican la energía incidente.
Sin la radiación solar, el clima de la Tierra y casi todos los procesos energéticos de la superficie cesarían.
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