Las células crecen en una placa de cultivo. Esta sencilla afirmación describe una técnica fundamental para la biología moderna. El cultivo celular es el proceso de cultivar células en condiciones de laboratorio controladas. Las células pueden ser bacterias, levaduras, células de insectos o células de mamíferos. Pueden ser células primarias obtenidas directamente de un tejido o líneas celulares inmortalizadas que se dividen indefinidamente. Pueden cultivarse en pequeños matraces o en biorreactores de miles de litros.
Las condiciones son cruciales. Las células necesitan nutrientes: azúcares, aminoácidos, vitaminas y sales. Requieren la temperatura adecuada, generalmente 37 grados Celsius para las células de mamíferos. Necesitan el pH correcto, generalmente alrededor de 7.4. Necesitan oxígeno, que se les proporciona a través del medio de cultivo o en fase gaseosa. Deben estar protegidas de la contaminación, por lo que el cultivo celular se realiza en cabinas estériles y, en ocasiones, se añaden antibióticos al medio.
El cultivo celular tiene múltiples usos. Produce vacunas, anticuerpos y otros productos biológicos. Permite probar la toxicidad y la eficacia de los fármacos. Estudia cómo responden las células a las señales y cómo se desarrollan las enfermedades. Cultiva tejidos para trasplantes. Es un sistema modelo, un entorno controlado donde se pueden manipular variables.
Esta técnica no está exenta de limitaciones. Las células en cultivo se comportan de manera diferente a las células del organismo. Pierden su contexto, sus células vecinas y su irrigación sanguínea. Un fármaco que funciona en un cultivo celular puede fracasar en un paciente. El cultivo celular es un punto de partida, no la solución definitiva.
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