La bulimia nerviosa es un trastorno alimentario caracterizado por episodios recurrentes de atracones seguidos de conductas compensatorias destinadas a evitar el aumento de peso. Los atracones implican la ingesta de grandes cantidades de comida en poco tiempo, con una sensación de pérdida de control; las conductas compensatorias suelen incluir vómitos autoinducidos, abuso de laxantes o diuréticos, ayuno o ejercicio excesivo.
A diferencia de la anorexia, las personas con bulimia suelen tener un peso normal o sobrepeso, por lo que el trastorno puede permanecer oculto durante más tiempo. Los riesgos médicos incluyen desequilibrios electrolíticos que pueden afectar al corazón, erosión dental por vómitos repetidos y daños gastrointestinales. Las características psicológicas suelen incluir insatisfacción corporal, inestabilidad del estado de ánimo y una autoevaluación muy negativa que depende excesivamente de la figura y el peso.
El trastorno suele comenzar al final de la adolescencia o al principio de la edad adulta. El tratamiento con mayor evidencia es la terapia cognitivo-conductual específicamente adaptada para la bulimia; ciertos antidepresivos también pueden reducir la frecuencia de los episodios de atracones y purgas. La recuperación es posible, pero sin intervención, la enfermedad puede volverse crónica.
La bulimia se caracteriza por un ciclo de restricción, atracones y compensación que se retroalimenta. Interrumpir ese ciclo es la tarea central del tratamiento.
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