El control de plagas consiste en mantener los organismos dañinos por debajo del nivel en que causan daños económicos. No es lo mismo que la erradicación. En la mayoría de los sistemas agrícolas, el objetivo es la gestión, no la eliminación.
Los métodos se dividen en cuatro grandes categorías. Los controles culturales modifican el entorno: rotación de cultivos, saneamiento, variedades resistentes y fechas de siembra. Los controles mecánicos utilizan la fuerza física: labranza, siega, trampas, recolección manual y barreras. Los controles biológicos emplean organismos vivos: depredadores, parasitoides y patógenos. Los controles químicos utilizan plaguicidas, idealmente como último recurso y elegidos para minimizar el daño a las especies beneficiosas. El manejo integrado de plagas combina los cuatro métodos, guiado por el monitoreo.
Cómo se ve un control efectivo
- Explorar los campos con regularidad y registrar lo que encuentres.
- Conocer el umbral económico para cada plaga
- Actuar con anticipación, antes de que las poblaciones exploten.
- Métodos de rotación para que las plagas no se adapten.
El control de plagas es un desafío constante. Los insectos desarrollan resistencia, aparecen nuevas especies y las regulaciones cambian. Las granjas que se mantienen a la vanguardia son las que se mantienen atentas y adaptan sus estrategias.
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