El mosaico transforma pequeños trozos de piedra, vidrio, cerámica o concha en una imagen de mayor tamaño. Estas piezas se llaman teselas. Se colocan sobre una base de mortero o adhesivo y luego se rellenan los huecos con lechada. Desde la distancia, la imagen se aprecia con claridad. De cerca, se descompone en cientos de fragmentos individuales, cada uno colocado a mano.
Este oficio es ancestral. Los suelos romanos, las paredes de las iglesias bizantinas y los paneles de azulejos islámicos utilizaban mosaicos para resistir el paso del tiempo y las inclemencias del clima. Los artesanos modernos trabajan en mesas, losas de jardín, revestimientos de cocinas y pequeños paneles enmarcados. Los materiales son versátiles. Azulejos rotos, porcelana antigua y vidrio de playa encuentran una segunda vida.
Formas de colocar teselas
- Método directo: piezas pegadas directamente sobre la superficie final.
- Método indirecto: las piezas se colocan boca abajo sobre el papel y luego se transfieren.
- Doble indirecto: una segunda capa de papel para trabajos grandes o complejos.
El color de la lechada lo cambia todo. Una lechada oscura realza las teselas brillantes. Una lechada clara suaviza el conjunto y disimula las irregularidades en el espaciado. Los principiantes suelen apresurarse al colocar las piezas. Los mejores mosaicos recompensan una colocación lenta y minuciosa.
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