La contaminación acústica es el sonido no deseado o excesivo. Proviene del tráfico, la construcción, los aviones, la maquinaria industrial y los vecinos ruidosos. A diferencia de la contaminación del aire o del agua, el ruido no deja residuos. Sin embargo, perjudica la salud. La exposición crónica eleva las hormonas del estrés, altera el sueño y aumenta el riesgo de enfermedades cardíacas. La Organización Mundial de la Salud estima que el ruido contribuye a miles de muertes prematuras cada año solo en Europa.
La fauna silvestre también sufre. Los pájaros cambian sus cantos para hacerse oír por encima del ruido del tráfico. Las ballenas modifican sus llamadas cuando el ruido de los barcos las ahoga. Los murciélagos evitan las zonas ruidosas, reduciendo así sus zonas de caza. Algunas especies abandonan sus hábitats por completo. Los efectos se extienden por todos los ecosistemas.
Existen soluciones. Las carreteras más silenciosas, los vehículos eléctricos y un mejor aislamiento de los edificios reducen la exposición al ruido. Las normas urbanísticas mantienen las actividades ruidosas alejadas de las viviendas. Los toques de queda limitan las horas de construcción. Las rutas aéreas pueden modificarse. Las barreras acústicas en las autopistas benefician a los residentes cercanos. El problema suele ser invisible, lo que facilita ignorarlo. Medir y mapear el ruido facilita su solución.
Fuentes comunes
- Tráfico rodado
- Aeronave
- Construcción
- Maquinaria industrial
- Ruido vecinal y comercial
Comments (2)
Leave a comment