Una firma digital certifica que un mensaje proviene de un remitente específico y que no fue alterado durante su transmisión. El remitente firma el mensaje con su clave privada. Cualquier persona puede verificar la firma con la clave pública del remitente. Si el mensaje cambia, aunque sea un solo carácter, la firma no es válida. Esta combinación de autenticación e integridad hace que las firmas digitales sean útiles para contratos, actualizaciones de software y transacciones financieras.
El proceso es sencillo. El remitente aplica una función hash al mensaje para crear un resumen. Cifra este resumen con su clave privada. Este resumen cifrado constituye la firma. El receptor descifra la firma con la clave pública del remitente para recuperar el resumen. Aplica la función hash al mensaje y compara los resultados. Si los resúmenes coinciden, el mensaje es auténtico y no ha sufrido modificaciones. Las firmas digitales no cifran el mensaje; demuestran quién lo envió y que llegó intacto. La firma de código utiliza firmas digitales para verificar que el software proviene del desarrollador y que no ha sido alterado. Las autoridades de certificación utilizan sus propias firmas para avalar los certificados que emiten. La cadena de confianza se basa en firmas en todos sus niveles.
Propiedades de la firma digital
- Autenticación: prueba quién firmó
- Integridad: detecta cualquier cambio en el mensaje.
- No repudio: el firmante no puede negar haber firmado.
- No es cifrado: el mensaje no está oculto.
Una firma digital no es una firma manuscrita escaneada. Es una prueba criptográfica de que el mensaje es auténtico.
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