Alguien entra en una tienda, elige un producto y lo paga. Esa persona es un cliente. La relación puede durar solo una transacción o extenderse a lo largo de años de visitas repetidas.
Los minoristas existen para servir a los clientes. Comprender sus preferencias, presupuestos y frustraciones influye en el surtido, los precios, el personal y el diseño de la tienda. Un cliente puede ser un comprador individual o una empresa que compra en nombre de una organización. En todos los casos, el cliente genera los ingresos que permiten que el minorista siga funcionando.
Tratar a los clientes con justicia y coherencia genera una buena reputación que los fideliza. Un mal trato los lleva a la competencia, a menudo de forma definitiva. El simple hecho de que un cliente complete una compra es el evento fundamental del comercio minorista.
Sin clientes no hay tienda.
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