El teísmo es la creencia en la existencia de un dios o dioses. En su uso moderno más común, se refiere a la convicción de que existe un solo Dios, personal, trascendente e involucrado en el mundo: creador, sustentador y, en algunas tradiciones, interviniendo.
El teísmo clásico, moldeado por el pensamiento judío, cristiano e islámico, así como por la filosofía griega, atribuye a Dios atributos como la omnipotencia, la omnisciencia, la bondad perfecta y la eternidad. Dios no forma parte del universo, sino que es su origen; la relación es de dependencia, no de igualdad. Existen variantes. El deísmo acepta un creador, pero niega la intervención continua. El panteísmo identifica a Dios con el universo mismo. El panenteísmo sostiene que el mundo existe dentro de Dios sin agotar la realidad divina.
Los argumentos a favor del teísmo abarcan desde las pruebas cosmológicas y teleológicas de la filosofía medieval y moderna temprana hasta versiones contemporáneas que recurren al ajuste fino o la consciencia. Los críticos, por su parte, plantean el problema del mal, el éxito de las explicaciones naturalistas y la diversidad de afirmaciones religiosas. El debate continúa tanto en el ámbito académico como en el popular.
Para el teísta, la existencia de Dios no es una hipótesis opcional, sino el hecho fundamental que da sentido a la existencia, al valor y al significado. Todo lo demás es secundario.
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