Un supositorio es una forma farmacéutica que se inserta en el recto o la vagina, donde se disuelve y libera el medicamento. La vía rectal es útil cuando el paciente no puede tragar, vomita o está inconsciente. Además, evita el tracto digestivo superior, lo que implica una menor degradación por el ácido estomacal y un inicio de acción más rápido que la vía oral para algunos medicamentos. La vía vaginal se utiliza para afecciones locales como infecciones o para la administración de hormonas.
Los supositorios se elaboran a partir de una base que se funde a la temperatura corporal, como la manteca de cacao o el polietilenglicol. El fármaco se mezcla con la base, que se moldea en forma de bala o torpedo. Los supositorios rectales se insertan más allá del esfínter anal, donde se disuelven y el fármaco se absorbe a través de la mucosa rectal. La absorción puede ser irregular y algunos fármacos no se absorben bien por esta vía. Los supositorios también se utilizan como laxantes, antieméticos y analgésicos, especialmente en pediatría y cuidados paliativos.
Aspectos prácticos:
- Almacenamiento. Muchos supositorios deben mantenerse frescos o refrigerados para que permanezcan sólidos.
- Inserción. La lubricación y un dedo enguantado ayudan. Insertar más allá del esfínter.
- Retención. El paciente debe permanecer quieto durante unos minutos para evitar la expulsión.
- Absorción. Puede ser impredecible, especialmente con la administración rectal.
Los supositorios no son la primera opción para la mayoría de los medicamentos, pero cubren una necesidad importante cuando no es posible utilizar otras vías de administración.
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