La memoria a largo plazo es el depósito relativamente permanente y aparentemente ilimitado del sistema de memoria. Almacena conocimientos, habilidades y experiencias que pueden permanecer disponibles durante años o décadas.
La información llega a la memoria a largo plazo mediante la codificación y la consolidación. Una vez almacenada, puede recuperarse cuando sea necesario, aunque la recuperación no siempre es perfecta ni completa. Los psicólogos distinguen varios subsistemas. La memoria explícita o declarativa abarca hechos y eventos personales que pueden recordarse conscientemente. La memoria implícita o no declarativa abarca habilidades, efectos de facilitación y respuestas condicionadas que influyen en el comportamiento sin recuerdo consciente. La memoria semántica almacena conocimiento general; la memoria episódica almacena eventos vividos personalmente.
La capacidad de la memoria a largo plazo es enorme. Las personas retienen gran cantidad de vocabulario, rostros, lugares y habilidades procedimentales. El olvido se produce por interferencia, deterioro de los recuerdos no utilizados o fallos en la recuperación. El significado emocional y la recuperación repetida fortalecen la retención. El sueño desempeña un papel fundamental en la consolidación del material recién aprendido, transformándolo en una forma más estable a largo plazo.
Cuando recuerdas una dirección de tu infancia o montas en bicicleta después de años sin practicar, estás recurriendo a la memoria a largo plazo.
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