El seguro de depósitos protege a los depositantes en caso de quiebra bancaria. El gobierno, o una entidad respaldada por este, garantiza que los depositantes recuperarán su dinero hasta un límite establecido. En Estados Unidos, la Corporación Federal de Seguro de Depósitos (FDIC, por sus siglas en inglés) ofrece esta protección. Fue creada en 1933, durante la Gran Depresión, tras la quiebra de miles de bancos y la consiguiente pérdida de ahorros por parte de los depositantes.
La FDIC asegura los depósitos hasta $250,000 por depositante, por banco y por categoría de titularidad. Esto significa que una persona con una cuenta corriente y una cuenta de ahorros en el mismo banco está asegurada hasta un total de $250,000. Una persona con una cuenta conjunta está asegurada hasta $250,000 por su parte. Una persona con cuentas en dos bancos diferentes está asegurada hasta $250,000 en cada una. Las normas de las categorías de titularidad son complejas y resultan importantes para los grandes depositantes.
La FDIC se financia con las primas que pagan los bancos, no con los contribuyentes. Cuenta con una línea de crédito del Tesoro para emergencias. En 2023, cuando Silicon Valley Bank y Signature Bank quebraron, la FDIC aplicó una excepción por riesgo sistémico para asegurar todos los depósitos, incluidos los superiores a 250 000 dólares. Esta decisión fue controvertida, pero evitó un pánico generalizado.
El seguro de depósitos no es ilimitado. No cubre las pérdidas de inversión, el contenido de las cajas de seguridad ni las actividades fraudulentas. Tampoco cubre los depósitos de las cooperativas de crédito, que están cubiertos por la Administración Nacional de Cooperativas de Crédito. La mayoría de los países cuentan con sistemas similares, con diferentes límites y normas. El principio es el mismo: proteger a los pequeños depositantes, prevenir las corridas bancarias y mantener la confianza en el sistema bancario.
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