La temperatura determina las decisiones en una explotación agrícola: cuándo sembrar, cuándo regar, cuándo cosechar, cuándo proteger al ganado. Un termómetro convierte esa variable invisible en un dato que el agricultor puede utilizar para tomar decisiones.
Cada tarea requiere instrumentos diferentes. Los termómetros de suelo miden la temperatura a la profundidad de siembra. Los termómetros de aire controlan el riesgo de heladas. Los termómetros infrarrojos analizan el follaje de los cultivos para detectar el estrés térmico. Cada tipo responde a una pregunta específica.
Usos agrícolas comunes
- Comprobar la temperatura del suelo antes de sembrar.
- Vigilancia del riesgo de heladas durante la noche
- Seguimiento del estrés térmico en establos de ganado
- Verificar la temperatura del compost o ensilaje
La calibración es fundamental. Un termómetro con una desviación de dos grados puede provocar una siembra prematura o que no se detecte una alerta de helada. Los agricultores comparan sus instrumentos y los reemplazan cuando las lecturas varían.
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