A cada jugador se le asigna un rol específico con responsabilidades definidas tanto en ataque como en defensa. Ese rol se denomina posición. Las posiciones organizan al equipo para cubrir el espacio y distribuir las tareas.
Algunos ejemplos son el portero, el defensa, el centrocampista y el delantero en fútbol, o el base, el alero y el pívot en baloncesto. Cada posición exige una combinación particular de habilidades, cualidades físicas y comprensión táctica. Los sistemas modernos suelen requerir flexibilidad posicional para que los jugadores puedan intercambiar posiciones durante el partido.
Los entrenadores seleccionan las alineaciones teniendo en cuenta las fortalezas de los jugadores y las necesidades de cada posición, así como al rival. Los atletas jóvenes pueden probar varias posiciones antes de decidirse por una que se ajuste a sus características. Comprender las funciones de cada posición es fundamental para el juego en equipo.
Un equipo de personas con talento necesita, aun así, puestos claros para funcionar como una unidad.
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