En diversas culturas, los seres humanos han recurrido a una realidad suprema que, según creen, crea, sustenta y juzga el mundo. En los contextos monoteístas de habla inglesa, a esa realidad se la denomina Dios. Si bien el concepto varía en su énfasis, se centra en el poder, el conocimiento y la autoridad moral absolutos.
El teísmo clásico describe a Dios como eterno, omnipotente, omnisciente y perfectamente bueno. Las tradiciones personalistas enfatizan la relación, la oración y la alianza. Los caminos místicos destacan la unidad inefable que trasciende toda imagen. Los argumentos a favor de la existencia de Dios se basan en la cosmología, la moral, la experiencia religiosa y el diseño divino; los contraargumentos citan el mal, la ocultación divina y el éxito de la explicación naturalista.
La creencia en Dios moldea la ética, la política, el arte y la identidad personal de miles de millones de personas. El ateísmo y el agnosticismo se definen en relación con este mismo concepto. El lenguaje sobre Dios sigue siendo, a la vez, el más elevado y el más controvertido del discurso humano.
- Ser supremo considerado creador y sustentador
- Fundamental para las religiones monoteístas
- Descrito con atributos de poder, conocimiento y bondad.
- Objeto de culto, oración y reflexión teológica.
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