La excomunión es la exclusión de una persona de los sacramentos y de la comunidad de la Iglesia. Es la pena más severa que la Iglesia puede imponer. No es una maldición. No es una condenación. Es una disciplina. Es una advertencia. Es un llamado al arrepentimiento. Es un último recurso. Se hace por el bien del pecador. Se hace por el bien de la Iglesia. Se hace para la gloria de Dios.
La excomunión es bíblica. Jesús dijo: «Si tu hermano peca contra ti, ve y repréndelo. Si no te hace caso, lleva a uno o dos más. Si se niega a escuchar, díselo a la iglesia. Si se niega a escuchar incluso a la iglesia, considéralo como un pagano y un publicano». Eso es la excomunión. Pablo ordenó a los corintios que expulsaran al hermano inmoral. Dijo: «Entreguen a este hombre a Satanás para la destrucción de la carne, para que su espíritu sea salvo en el día del Señor». El objetivo es la restauración. El objetivo es la salvación. El objetivo es el arrepentimiento.
La excomunión en la práctica
- Propósito: arrepentimiento y restauración.
- Efecto: exclusión de los sacramentos y de la comunidad.
- Duración: hasta el arrepentimiento.
- Autoridad: los líderes de la iglesia, no los individuos.
- Espíritu: amor, no venganza.
La excomunión es difícil. Es dolorosa. Es un último recurso. Se hace con lágrimas. Se hace con oración. Se hace con esperanza. No se trata de castigo. Se trata de pureza. Se trata de la santidad de la Iglesia. Se trata del alma del pecador. Se trata del testimonio del Evangelio. La Iglesia debe ser pura. La Iglesia debe ser santa. La Iglesia debe ser luz. La excomunión protege la luz. Protege al rebaño. Protege al pecador. Dice: este comportamiento no es aceptable. Este comportamiento es destructivo. Este comportamiento debe cesar. Arrepiéntete. Regresa. Sé restaurado. Sé acogido. Sé perdonado. Ese es el objetivo. Esa es la esperanza. Eso es la excomunión.
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