La velocidad del viento es importante para todo, desde la navegación hasta las alertas de tormenta. Un anemómetro es el instrumento diseñado para medirla. El tipo más común utiliza tres o cuatro cazoletas que giran sobre un eje vertical; la velocidad de rotación se traduce directamente en velocidad del viento.
Otros diseños incluyen hélices que también indican la dirección, sensores de hilo caliente para investigación y dispositivos sónicos que calculan la velocidad a partir del tiempo de propagación de las ondas sonoras. Todos deben instalarse en lugares abiertos, libres de obstáculos que distorsionen el flujo.
Las estaciones meteorológicas, los aeropuertos y las torres de investigación dependen de anemómetros calibrados. Estos instrumentos proporcionan datos sobre ráfagas, velocidades sostenidas y promedios. Con vientos fuertes, las cazoletas pueden girar tan rápido que se requieren modelos especiales de gran alcance.
Los datos de los anemómetros se incorporan directamente a las previsiones y a los informes de aviación.
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