La resonancia magnética (RM) utiliza campos magnéticos potentes y ondas de radio para producir imágenes detalladas del cerebro y otros tejidos blandos. No se basa en radiación ionizante.
Esta técnica detecta el comportamiento de los núcleos de hidrógeno en las moléculas de agua al ser sometidas a un campo magnético y perturbadas por pulsos de radiofrecuencia. Los distintos tejidos recuperan el equilibrio a diferentes velocidades, generando un contraste que revela la estructura anatómica con alta resolución espacial. La resonancia magnética estructural se utiliza ampliamente para detectar tumores, lesiones, anomalías del desarrollo y la pérdida de tejido asociada a enfermedades neurodegenerativas.
La resonancia magnética funcional amplía el método al rastrear señales dependientes del nivel de oxígeno en sangre que varían con la actividad neuronal. La combinación de imágenes estructurales y funcionales ha transformado tanto el diagnóstico clínico como la neurociencia cognitiva. La claustrofobia, la presencia de ciertos implantes metálicos y el costo y la disponibilidad de los escáneres siguen siendo limitaciones prácticas.
Cuando se requieren detalles anatómicos precisos de los tejidos blandos sin necesidad de rayos X, la resonancia magnética es el método de elección.
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