En la frontera, los viajeros declaran las mercancías que introducen en el país y su equipaje puede ser inspeccionado en busca de artículos prohibidos o sujetos a impuestos. Esta función de control la desempeña la aduana. Protege los ingresos, la seguridad y la salud agrícola.
Las franquicias libres de impuestos establecen límites para el alcohol, el tabaco y otros artículos. Los artículos prohibidos suelen incluir ciertos alimentos, armas y productos falsificados. Los canales verde y rojo separan a los viajeros que no tienen nada que declarar de aquellos que deben hablar con un agente. En ambos se realizan inspecciones aleatorias y selectivas.
Una declaración precisa evita sanciones. Los envíos comerciales se enfrentan a procedimientos más complejos que el equipaje personal. Para la mayoría de los turistas, la aduana es un breve paso final antes de salir del aeropuerto; para otros, se convierte en una inspección detallada. Conocer las normas del destino previene la mayoría de los problemas.
El control aduanero es la última barrera formal entre el vuelo y el destino final.
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