La humildad es una visión modesta de la propia importancia. No se trata de menospreciarse, sino de pensar menos en uno mismo. Es lo opuesto al orgullo. En términos bíblicos, la humildad es reconocer la dependencia de Dios. Es aceptar que todo lo que se tiene es un don. Es el fundamento de la fe.
Jesús fue un ejemplo de humildad. Lavó los pies de sus discípulos. Se humilló a sí mismo obedeciendo hasta la muerte en la cruz. Dijo: «El más grande entre vosotros será vuestro servidor». La humildad no es debilidad. Es fortaleza controlada. Es la capacidad de servir sin buscar reconocimiento. Es la disposición a admitir los errores. Es la apertura a la corrección.
La humildad en las Escrituras
- Proverbios 11:2: Con la humildad viene la sabiduría.
- Miqueas 6:8: camina humildemente con tu Dios.
- Filipenses 2:3: Consideren a los demás como superiores a ustedes mismos.
- 1 Pedro 5:5: Dios se opone a los orgullosos, pero da gracia a los humildes.
- Mateo 23:12: Todo aquel que se humilla será enaltecido.
La humildad es contraintuitiva. El mundo premia el orgullo. Premia la autopromoción. Premia la arrogancia. Pero Dios se opone a los orgullosos. Él concede gracia a los humildes. La humildad es el camino a la sabiduría. Es el camino a la paz. Es el camino a la salvación. Una persona humilde puede aprender. Una persona humilde puede crecer. Una persona humilde puede ser usada por Dios. El orgullo lo impide todo. El orgullo cierra la mente. El orgullo endurece el corazón. El orgullo destruye las relaciones. La humildad abre la puerta. Dice: No tengo todas las respuestas. Dice: Necesito ayuda. Dice: Dios, ten misericordia de mí, pecador. Esa oración es el comienzo de todo. La humildad no es opcional. Es esencial. Es la actitud del alma ante Dios.
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