J.J. Thomson descubrió el electrón en 1897 mediante el estudio de los rayos catódicos. Demostró que estos rayos eran corrientes de partículas con carga negativa mucho más pequeñas que los átomos. El electrón fue la primera partícula subatómica descubierta. Posee una carga negativa de 1,602 × 10⁻¹⁹ culombios y una masa de aproximadamente 9,11 × 10⁻³¹ kilogramos, lo que equivale a aproximadamente 1/1836 de la masa de un protón.
Los electrones ocupan orbitales alrededor del núcleo. En el modelo cuántico, un orbital es una región del espacio donde es probable encontrar un electrón. Las formas de los orbitales se describen mediante las notaciones s, p, d y f. Cada orbital puede albergar un máximo de dos electrones con espines opuestos. La disposición de los electrones en un átomo se denomina configuración electrónica. Los electrones más externos, llamados electrones de valencia, determinan el comportamiento químico.
Los electrones intervienen en los enlaces químicos, la electricidad y el magnetismo. Fluyen a través de los cables como corriente eléctrica. Absorben y emiten luz al saltar entre niveles de energía, lo cual constituye la base de la espectroscopia. Son fundamentales para la tabla periódica, que organiza los elementos según sus configuraciones electrónicas.
Los electrones no son simples partículas. Exhiben la dualidad onda-partícula. Pueden difractarse como ondas y colisionar como partículas. El experimento de la doble rendija lo demuestra. El electrón es un objeto cuántico, y su comportamiento desafía la intuición clásica.
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