La exhortación es un llamado urgente a hacer lo correcto. Es más que un consejo. Es más que una enseñanza. Es un llamado a la acción. Insta al oyente a cambiar, a perseverar, a obedecer. Se encuentra a lo largo del Nuevo Testamento. Los apóstoles exhortaron a los creyentes a vivir vidas santas, a amarse unos a otros y a mantenerse firmes en la fe.
La exhortación es uno de los dones espirituales mencionados en Romanos 12. Algunas personas tienen el don de animar a los demás. Pronuncian palabras de consuelo y exhortación. Edifican el cuerpo de Cristo. La palabra griega es paraklesis, que significa aliento, consuelo y exhortación. Es la misma palabra que se usa para referirse al Espíritu Santo, el Consolador. La exhortación es un ministerio del Espíritu.
Exhortación en las Escrituras
- Hechos 2:40: Pedro exhortó a la multitud a ser salva.
- Romanos 12:8: el que exhorta, en su exhortación.
- 1 Timoteo 4:13: Dedícate a la exhortación.
- Hebreos 3:13: Exhórtense unos a otros cada día.
- Judas 3: Me pareció necesario escribiros para exhortaros.
La exhortación es necesaria en la iglesia. Los creyentes enfrentan pruebas. Enfrentan tentaciones. Enfrentan desalientos. Necesitan a alguien que los acompañe. Necesitan a alguien que les diga: sigue adelante. No te rindas. No estás solo. La exhortación no es regaño. No es reproche. Es aliento con un propósito. Es la verdad dicha con amor. Es un don. Edifica. Fortalece. Mantiene viva la fe. La iglesia necesita exhortadores. Personas que hablen. Personas que animen. Personas que no permitan que sus hermanos y hermanas se aparten. La exhortación es la voz del Espíritu en la comunidad. Es el llamado a perseverar. Es el llamado a la santidad. Es el llamado a la esperanza.
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