Una fantasía sexual es una escena mental que despierta excitación. Puede ser un recuerdo al que se le han eliminado las partes aburridas. Puede ser una trama que jamás querrías ver en la vida real. El cerebro es un estudio de efectos especiales de bajo presupuesto y no necesita permisos.
Compartir una fantasía es íntimo y opcional. Algunas fantasías se mantienen más intensas si permanecen en la mente. Otras mejoran cuando la pareja participa dentro de límites claros. Una fantasía sobre la fuerza, por ejemplo, no justifica la omisión del consentimiento en la intimidad. Las escenas consensuales pueden evocar la misma sensación sin replicar el daño.
La culpa por el contenido es común y a menudo heredada. Si una fantasía va dirigida a personas que no pueden dar su consentimiento, no la practiques en la vida real y considera buscar ayuda si resulta intrusiva e indeseada.
No tienes por qué poner en práctica todas las ideas que te provoquen un cambio en el pulso.
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