El comprimido es la forma farmacéutica más común en el mundo. Se trata de una dosis sólida de medicamento comprimida en un disco, a menudo con una ranura para partirlo. Los comprimidos son prácticos, estables y económicos de fabricar. Pueden estar recubiertos para enmascarar el sabor, protegerlos de la humedad o controlar su liberación. Pueden ser de liberación inmediata, prolongada o retardada. La variedad es enorme, pero la idea básica es simple: comprimir el polvo en una forma fácil de tragar que se disuelva en el lugar y momento adecuados.
La fabricación de un comprimido implica varios pasos. El principio activo se mezcla con excipientes: agentes de relleno para aumentar el volumen, aglutinantes para mantenerlo unido, desintegrantes para facilitar su disolución y lubricantes para evitar que se adhiera a la prensa. La mezcla se granula, se seca y se comprime en comprimidos. Algunos comprimidos se recubren en una máquina de recubrimiento en bandeja o en un recubridor de lecho fluidizado. Las pruebas de control de calidad verifican el peso, la dureza, la friabilidad y la disolución. Un comprimido demasiado duro puede no disolverse; uno demasiado blando puede desmoronarse en el frasco.
Tipos de comprimidos:
- Liberación inmediata. Se disuelve rápidamente después de ser ingerido.
- Liberación prolongada. Libera el fármaco lentamente durante horas.
- Liberación retardada. Recubierto para disolverse en el intestino, no en el estómago.
- Masticable. Diseñado para ser masticado antes de tragar.
- Sublingual. Se disuelve debajo de la lengua para una rápida absorción.
Los comprimidos deben conservarse en un lugar seco. La humedad puede provocar que se desmoronen o se degraden.
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