Tras una dura contienda, los rivales se dan la mano e intercambian palabras sinceras de respeto. Esa conducta es deportividad. Valora la equidad, la humildad en la victoria y la dignidad en la derrota.
La deportividad implica respetar tanto el espíritu como la letra de las reglas, aceptar las decisiones de los árbitros y evitar intentos deliberados de lesionar o humillar. Los entrenadores y los padres influyen notablemente en que los jóvenes atletas desarrollen estos hábitos. El reconocimiento público del comportamiento deportivo refuerza esta cultura.
Las situaciones de alta presión ponen a prueba la deportividad al máximo. Los atletas que la mantienen bajo presión establecen estándares que perduran más allá de cualquier resultado puntual. Este concepto sigue siendo una medida práctica para determinar si la competencia engrandece o desmerece a quienes participan.
- Comportamiento ético y respetuoso en el deporte
- Se muestra en la victoria, la derrota y hacia los oficiales.
- Modelado por los entrenadores y reforzado por la cultura.
- Protege la integridad de la competencia.
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