Un discípulo es un seguidor y estudiante de Jesús u otro maestro. La palabra proviene del latín discipulus, que significa aprendiz. Un discípulo no es solo un admirador. Un discípulo es un aprendiz. Sigue al maestro. Aprende del maestro. Imita al maestro. Continúa la misión del maestro. Jesús tuvo muchos discípulos. Eligió doce para ser sus apóstoles. Lo dejaron todo para seguirlo. Se sentaron a sus pies. Le hicieron preguntas. Cometieron errores. Crecieron en la fe.
El discipulado es costoso. Jesús dijo: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame». Un discípulo debe negarse a sí mismo. Debe poner a Jesús en primer lugar. Debe estar dispuesto a sufrir. Debe estar dispuesto a morir. Ese es el precio. Pero la recompensa es grande. El discípulo es hijo de Dios. El discípulo es ciudadano del cielo. El discípulo es amigo de Jesús. El discípulo es coheredero con Cristo. El discípulo es parte de la familia de Dios.
El discipulado en las Escrituras
- Mateo 4:19: Síganme y los haré pescadores de hombres.
- Marcos 8:34: Toma tu cruz y sígueme.
- Lucas 14:33: renunciad a todo lo que tenéis.
- Juan 8:31: Permaneced en mi palabra.
- Juan 13:35: Ámense los unos a los otros como yo los he amado.
El discipulado no es una decisión única. Es un camino que dura toda la vida. Es una elección diaria. Es una relación que crece. Es una transformación. El discípulo no es perfecto. El discípulo está en proceso de perfeccionamiento. El discípulo no es el maestro. El discípulo es el servidor. El discípulo es el estudiante. El discípulo es el seguidor. El discípulo es el testigo. El discípulo es la luz del mundo. El discípulo es la sal de la tierra. El discípulo es un discípulo de Jesús. Esa es la identidad. Ese es el llamado. Esa es la alegría. Ese es el precio. Eso es el discipulado.
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