Las plantas pierden agua a través de sus hojas y deben reponerla mediante sus raíces. El riego consiste en suministrarles esa humedad cuando la lluvia es insuficiente. El objetivo es humedecer bien la zona radicular sin encharcarla, evitando así la falta de aire.
Un riego profundo y poco frecuente favorece el crecimiento de las raíces hacia abajo. Un ligero riego diario mantiene la humedad cerca de la superficie y promueve el desarrollo de raíces superficiales. Generalmente, la mejor hora es temprano por la mañana; regar por la tarde puede dejar el follaje húmedo durante la noche y aumentar el riesgo de enfermedades.
El tipo de suelo, el clima, el tamaño de la planta y su etapa de crecimiento influyen en la frecuencia y la cantidad de agua que necesita. Las plantas en macetas se secan más rápido que las que están en tierra abierta. Comprobar la humedad del suelo con el dedo o una sonda previene tanto la sequía como el exceso de riego. Un riego constante mantiene las plantas productivas y resistentes.
- Suministrar agua para favorecer el crecimiento de las plantas.
- Busca lograr una humedad profunda en la zona radicular.
- Se recomienda hacerlo temprano por la mañana.
- Ajustado según el tipo de suelo, el clima y las necesidades de las plantas.
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