Una contraseña es una cadena secreta que demuestra tu identidad. Es el método de autenticación más antiguo y común, pero también el más débil. La gente reutiliza contraseñas en distintos sitios web, elige palabras fáciles de recordar y de adivinar, las anota en notas adhesivas y las comparte con sus compañeros. Los atacantes lo saben. El robo de credenciales es el punto de partida de la mayoría de las filtraciones de datos.
La seguridad de una contraseña reside en su longitud e imprevisibilidad. Una frase de contraseña de 12 caracteres, compuesta por palabras aleatorias, es más segura y fácil de recordar que una cadena de símbolos de 8 caracteres. El problema no radica en la contraseña en sí, sino en el sistema que la rodea. Almacenar contraseñas en texto plano es negligente. Almacenarlas con una función hash rápida es casi igual de malo. Las contraseñas deben incluir sal y ser cifradas con un algoritmo lento como bcrypt o Argon2. La limitación de velocidad bloquea los intentos de fuerza bruta. La detección de filtraciones compara las nuevas contraseñas con listas filtradas conocidas.
Mejores prácticas para contraseñas
- Utiliza un gestor de contraseñas: genera y almacena contraseñas únicas.
- Longitud sobre complejidad: más largo es mejor que extraño
- Nunca reutilice: una brecha no debería provocar una cascada de fallos.
- Habilita la autenticación multifactor (MFA): una contraseña por sí sola no es suficiente.
- Compruebe si hay filtraciones de datos; cambie las contraseñas comprometidas inmediatamente.
Las contraseñas no van a desaparecer pronto, pero ya no son suficientes por sí solas. Considérelas como una capa más de protección, no como la defensa completa.
Comments
No comments yet. Be the first to share a thought.
Leave a comment